viernes, 19 de enero de 2018

Razones para creer en Dios

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“Básicamente, me di cuenta que para mantenerme ateo, tendría que creer que la ‘nada’ produce ‘todo’; materia muerta produce vida; el azar produce orden; caos produce información; inconsciencia produce conciencia; y lo irracional produce razón. Estos saltos de fe eran simplemente demasiado grandes para yo lograrlos, especialmente a la luz del caso afirmativo por la existencia de Dios y la resurrección de Jesús (y su divinidad por consiguiente). En otras palabras, mi análisis del cristianismo explicaba el total de la evidencia mucho mejor que el ateísmo.”
–Lee Strobel, Ex Ateo
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Tal como lo expresa el señor Strobel, los ateos tienen más fe que los creyentes al aceptar tantas premisas. Yo en cambio me limito a una sola: Creo en un solo Dios creador del universo. Para creer en Él, bastaría reconocer que el hecho mismo de sabernos conscientes e inteligentes es obra de un creador y no una consecuencia de la casualidad. Esa conciencia también nos plantea preguntas en torno a realidades como la vida, el dolor, la muerte y el pecado, que no encuentran una simple explicación desde la razón. Solo la fe las ilumina y nos ayuda a encontrar sentido en medio del camino.

Dios también nos ha grabado en nuestros corazones unos principios morales que nos permiten discernir entre el bien y el mal. Eso por sí solo pudiera ser razón suficiente para concluir que, de no existir un Dios, no habría razón para tener que diferenciar entre lo bueno y lo malo, pues si el pecado no tiene consecuencia, ¿a qué he de temer?

Encontrar a Dios es tan fácil, tan evidente, que quizás por ello mismo se nos hace imposible creerlo. El apóstol San Juan nos dice: "El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor." (1 Jn 4,8). Y para que haya amor tiene que haber libertad (libre albedrío), y es por ello que Dios no nos obliga a amarlo. Pero sí nos ha dejado evidencia de su existencia en sus obras y con ello nos invita a reconocerle, amarle y adorarle. - ¿Y cuales son sus obras? - Infinitas. 

Aquí menciono sólo algunas que espero te inviten a reflexionar entre si eres un simple cuerpo material destinado al olvido de la corrupción o un ser espiritual creado para la eternidad.



La creación.

"Son necios por naturaleza todos los hombres que han desconocido a Dios y no fueron capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al Artífice, atendiendo a sus obras; sino que tuvieron por dioses, señores del mundo, al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a los astros del cielo. Si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja su Señor, pues los creó el autor de la belleza. Y si admiraron su poder y energía, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es quien los hizo, pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre, por analogía, a su Creador. Sin embargo, éstos merecen menor reproche, pues tal vez andan extraviados buscando a Dios y queriendo encontrarlo. Dan vueltas a sus obras, las investigan y se dejan seducir por su apariencia, pues es hermoso lo que ven. Pero, con todo, ni siquiera éstos son excusables, porque, si fueron capaces de saber tanto, que pudieron escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?"         Sabiduría 13, 1-9


Este pasaje del libro de la Sabiduría (AT), escrito hace más de 2.000 años, contiene un mensaje muy actual: a pesar de nuestra inteligencia, de la que Dios no ha dotado para escudriñar el universo; no reconocemos a su Creador. Quizás nuestros dioses ya no son el fuego, el aire y las estrellas, pero seguimos idolatrando otro tipo de dioses (el dinero por ejemplo) que nos han quitado la atención del único Dios verdadero.

Casi todos conocemos la teoría del Big Bang (teoría propuesta por un sacerdote católico) que nos habla de un universo que surgió  a partir de una gran explosión en medio de la nada. Tras esa explosión, y quizás millones de años después, coincidimos tú y yo en un pequeñísimo planeta azul que tiene ciertas peculiaridades que lo hacen muy diferente a los miles de planetas solares y extrasolares que hoy se han descubierto:
  • Estamos en la zona habitable de una galaxia en espiral, es decir, lejos del centro y en el espacio menos densamente "poblado" de uno de los brazos de ese espiral. De otra forma el caos de los cuerpos celestes nos hubiesen aniquilado hace rato.
  • Estamos en la zona habitable de un sistema solar con una estrella estable (ni muy fría, ni muy caliente).
  • Nos protegen planetas gigantes que nos sirven de escudo antimisiles que desvían o atraen para sí cualquier cuerpo celeste que amenace destruirnos.
  • La Tierra tiene el tamaño perfecto. Más grande nos aplasta la gravedad, más pequeño, no tendríamos atmosfera.
  • La Tierra tiene una inclinación sobre su eje de 23 grados, que hace posible que los que estamos en el trópico no nos achicharremos de calor y en el polo no se congelen los 12 meses del año.
  • Tenemos una luna a la distancia correcta y con unas fases perfectamente sincronizadas para que tengamos mareas. Si estuviera más cerca o más lejos, los efectos de las mareas serían inexistentes o catastróficos.
  • Sin las mareas no tendríamos clima, es decir, aire acondicionado. Ni mucho menos el ciclo del agua.
  • El tamaño aparente de nuestra luna, es igual a la del sol, es decir, la Luna es 400 veces más pequeña que el Sol, pero está 400 veces más cerca; por lo que podemos disfrutar de eclipses totales de vez en cuando.
  • La luna rota cada 29 días, el mismo tiempo que tarda en orbitar alrededor de la Tierra y por eso nos muestra siempre la misma cara. Su interacción gravitacional con la Tierra hace que nuestros días sean de 24 horas, sin ella, el planeta giraría más rápido y sería muy inestable.
El listado de "condiciones particulares" que hacen posible nuestra existencia es mucho más largo y lo pueden consultar en fuentes más confiables que esta.  Lo cierto es que la gran mayoría del mundo científico y los escépticos están de acuerdo con esta información y que sin esas "particularidades" de la Tierra, no habría vida.

Me niego a creer que esto sea pura coincidencia. Mucho menos que la vida haya surgido de una sopa primitiva que derivó en la complejidad de lo que hoy conocemos como el ADN y que contiene el código genético de cada ser vivo sobre esta tierra. El ADN es en sí un programa, que le dice a cada célula como crear proteínas a partir de aminoácidos. Es un proceso tan fascinante y perfecto, que es imposible que sea producto del azar. Más aún, cada célula del cuerpo humano (con la excepción de los glóbulos rojos) contiene una secuencia de ADN de 3.200 millones de letras de longitud, es decir, 2 metros de ADN. Si desenrrolláramos todo el ADN de las células de un cuerpo humano, cubriríamos la distancia de la Tierra a la Luna 7.000 veces.

(Ver: https://www.xatakaciencia.com/genetica/las-cifras-mas-curiosas-del-adn)

Nuestra soberbia nos lleva a desconocer el orden de la creación y por ende, la existencia de una entidad ordenadora. Basta con ver la naturaleza y todos sus procesos: ya quisiera el hombre poder recrear el ciclo del agua o la fotosíntesis. Pero nos es imposible crear algo, ¡ni un átomo de hidrógeno! - Somos capaces de descubrir y transformar cosas, pero aún no tenemos la capacidad de crear algo de la nada.


Un Dios que nos habla.

Toda la creación habla de Dios, pero aún así, Él mismo se quiso revelar. Y es precisamente eso lo que nos diferencia a los Cristianos de muchas otras religiones, que esta religión se basa en un Dios que se revela al hombre, no el hombre que busca a un dios.

El hombre en toda su historia siempre ha necesitado uno o más dioses para darle sentido a su vida, es sólo en esta época en la que nos creemos excepcionalmente inteligentes  (y no somos capaces de crear un átomo de la nada) que pensamos que somos producto del azar y queremos desmitificar la idea de Dios.

Nuestro Dios Judeo-Cristiano, tuvo que orientar a su primitivo pueblo para que no adoraran dioses diferentes a Él. En la medida en que ese pueblo fue madurando, Dios comenzó a transmitir mensajes más complejos a través de profetas y finalmente, su mensaje del amor y llamado a su Reino, a través de sí mismo en la figura de Jesucristo.

¿Muy fantasioso el asunto? Diría más bien que no estamos abiertos a explorar otras realidades que vayan más allá de nuestra materialidad y lo que podamos comprobar a través del método científico.

Los cristianos tenemos como verdad la existencia de un mundo espiritual, que somos cuerpo y espíritu, y que nacemos de Dios y somos para Dios.


La Biblia

Lo primero que nos habla de esa verdad que creemos es la incomprendida Biblia, la que muchos quieren leer textualmente acorde a su criterio particular y que por ello la descalifican de todas las maneras posibles (de eso hablaré en otra entrada). De la Biblia me enfocaré solo en los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los mismos relatan la vida y obra de Jesús. La radicalidad del mensaje de Jesucristo no tiene precedentes históricos y la altura moral encarnada en el propio Jesús es absolutamente extraña a su época. Más aún, que ese mensaje haya perdurado por 2.000 años pese a tener que remar contracorriente desde la misma muerte de Cristo, habla de una verdad inocultable. Y es que los mismos discípulos de Jesús, a pesar de verle hacer cientos de milagros, fueron los primeros en salir huyendo el día de su crucificción. Fue la verdad de la resurrección la que confirmó su fe y les hizo, de la noche a la mañana, los hombres valientes que fueron capaces de morir defendiendo el Evangelio (buena nueva). Jesús además prometió fundar una Iglesia que perduraría por siempre, promesa que se ha cumplido hasta la fecha, pese a todas las contrariedades que ha tenido. Ninguna otra Institución ha durado tanto.


Las apariciones Marianas.

Nuestra Santísima Virgen se viene manifestando desde el principio del Cristianismo, y muy especialmente en los últimos 200 años. Habrá quienes piensen que son alucinaciones, pero si lees por ejemplo la historia de los pastorcitos en Fátima o de la analfabeta campesina Bernardet en Lourdes, vemos como fueron terriblemente atacados por sus familiares y extraños y pese a todo, estuvieron dispuestos a morir por transmitir el mensaje de su amada Madre, que además, se ha cumplido a cabalidad.


La actuación del demonio.

Su acción se da fuera del orden natural, es por esto que su presencia en el mundo es otra manera de corroborar la existencia de lo sobrenatural. El demonio actúa discretamente (y raramente se presenta con cachos y cola) porque sería evidencia de la existencia de una entidad espiritual y por ende confirmación de Dios. A ese le conviene mantenernos aletargados. Pero la realidad es que hay mucho tipo de actuaciones del maligno, desde tentaciones, infestaciones a posesiones, estas últimas bastante extrañas. Normalmente la Iglesia es muy cauta con estos temas, pues es cierto que pudieran llegar a confundirse con enfermedades de orden mental. Para que alguien sea declarado poseso se deben evidenciar hechos sobrenaturales como el desafío a leyes físicas como la gravedad,  fuerza anormal, el rechazo a objetos sagrados, hablar lenguas muertas o antiguas que el poseso desconoce y muchas otras cosas que no son de carácter humano. Películas como "El Exorcista" y el "Exorcismo de Emily Rose" están basadas en hechos reales.


La vida de los santos y sus cuerpos incorruptos

La Iglesia tiene una gran lista de personas que vivieron su vida en esta tierra en alto grado de virtud. Muchas de estas personas alcanzaron tal nivel de espiritualidad, que obtuvieron dones sobrenaturales, como el de la bilocación, la levitación, profecía, leer la conciencia de las personas y hablar con el mismo Jesucristo, la Virgen María y los Ángeles. Muchos otros Santos experimentaron las heridas de la pasión de Cristo (estigmas) o sus dolores.

Tal fue el grado de perfección de estas personas, que muchos de ellos murieron en olor de santidad, es decir, sus cuerpos expelían olores agradables y no se corrompieron.


Los milagros eucarísticos

Por último, he dejado quizás uno de las evidencias más relevantes y menos conocidas denominadas como milagros eucarísticos. Los católicos aceptamos como realidad la promesa de Jesús de alimentarnos con su cuerpo y sangre a manera de conmemoración de su vida, pasión, muerte y resurrección. Jesús pidió hacer esta conmemoración en la última cena, pero ya lo había manifestado antes a un público muy grande que le seguía después de haber multiplicado los panes y de haber caminado sobre las aguas (demostrando poder sobre los alimentos y sobre su cuerpo). A ese público les dijo que deberían literalmente comer su carne y beber su sangre; la gente no lo entendió y lo abandonaron, tanto fue el escándalo, que el mismo Jesús les preguntó a sus 12 apóstoles: ¿Ustedes también se van a ir? (Jn 6, 66-67).

Jesús había acabado de demostrar que tenía poder sobre la comida y sobre su cuerpo, ¿acaso le iba a quedar pequeño hacer que un pan se transformara en su carne y el vino en su sangre? Pues así como sucedió hace más de dos mil años, aún nos cuesta creer semejante afirmación. Muchos sacerdotes incluso dudan de esta realidad, por eso han ocurrido milagros durante la eucaristía en la que el pan se convierte en verdadera carne y el vino en verdadera sangre. 


(Ver:https://es.aleteia.org/2015/11/27/los-milagros-eucaristicos-mas-conocidos/)



¡Que la gracia y el amor de nuestro Señor Jesús les acompañe siempre!


lunes, 8 de enero de 2018

El encuentro con la Virgen María


Con esta entrada cierro mi testimonio de cómo fue esa etapa inicial de conversión, y digo etapa inicial, porque la conversión no es un cambio que ocurre de un día a otro, es un objetivo por el que hay que "luchar" toda nuestra vida terrenal. Todo lo dicho hasta ahora no es más que una experiencia privada, y como tal, es libre de que se crea o no. Lo cierto es que mi interés al iniciar este blog no es confundir (no me sobra tiempo para eso), sino de compartir la realidad de esa buena nueva que es Jesucristo y que se nos ha transmitido por cerca de 2000 años y que lastimosamente nos rehusamos a escuchar y mucho menos a creer.

Para los que llegan por primera vez a este blog les recomiendo leer en orden cronológico mis anteriores entradas, sin embargo, acá hago un muy pequeño resumen de lo que ha sido este camino: me formé como un católico que heredó la religión de sus padres y que, al llegar a su temprana adultez, se comenzó a cuestionar sobre la realidad de esa fe, cuestiones, que por simple desinterés, me llevaron al escepticismo. Luego, por un encuentro con Jesús en un retiro, se sembró una inquietud que fui cultivando y que me llevaron a fortalecer mi fe. Hoy les quiero relatar el papel de la Virgen María en el proceso de reafirmar esa fe y terminar de eliminar cualquier manto de duda sobre la realidad de un Dios vivo y presente en medio de nosotros.

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La Virgen María siempre ha estado vinculada a mi vida de alguna manera, principalmente por la influencia de mis padres y abuelos, pero también por la gran devoción que se le tiene en mi país. En mi ciudad, casi que en cada cuadra, hay una imagen de la Virgen. Pero la que había en la esquina cerca a mi casa era especial, quizás una de las imágenes más grandes que se pudiera encontrar en un barrio, no en vano a nuestro sector le llamaban "la Virgen" e igualmente a nuestro equipo de fútbol (al equipo infantil nos llamaban los virgencitos, jejeje). Desde niño, y hasta los veintitantos años, me acompañaban en mi cuarto una imagen del divino niño Jesús, la Virgen de Fátima y una oración que yo mismo fijé a un vidrio y que rezaba cada noche:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, 
en una palabra, todo mi ser, 
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.


Un día cualquiera, cuando ya comenzaba a inclinarme por el escepticismo, pensé en botar las imágenes y la oración que me habían acompañado por tantos años, pero pudo más el valor sentimental y terminaron guardados en una caja de un cuarto útil.

Muchos años después, cuando estaba intentando recuperar mi fe, aparece de nuevo mi natal Medellín y su devoción a la Virgen María para rescatarme por completo de mi incredulidad. Yo estaba viviendo en Santo Domingo, República Dominicana, y desde allí, mientras curioseaba en Facebook, ví el "like" que una prima le dio una publicación de una página llamada Lazos de Amor Mariano. Allí aparecía un señor llamado Wilson Tamayo promocionando una peregrinación mariana por algunos santuarios en Europa. Eso fue justo por los días en que nació la idea de peregrinar y era inevitable ver esta coincidencia como una señal. Ví que eran una comunidad católica de Medellín y les contacté para que me enviaran más información. El itinerario que ellos planteaban era más que perfecto y nos embarcamos en el proyecto, tal como lo conté en mi anterior entrada.

Casi toda mi vida había vivido en Medellín y nunca había escuchado noticia de esta comunidad, en buena medida, por mi alejamiento intencional de la religión. Pero fue ese contacto inicial el que me llevó a conocer más de ellos y descubrir la consagración a Jesús por María. La verdad no tenía ni idea de lo que era una consagración, pero ellos han hecho un trabajo fantástico en Internet y basta ingresar a su canal en youtube para obtener una respuesta. Le presenté la idea a mis amigos y les gustó tanto, que nos inscribimos (casi todo el grupo de @virgencitaperegrina) a la primera consagración en línea del año 2017.

Para ese entonces estábamos absortos con un hecho reciente del cual todos fuimos testigos. Un día cualquiera de septiembre de 2016, una de las parejas que hacen parte de nuestro grupo estaba visitando la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey (RD) y cuando salían de allí, nuestra amiga tuvo una visión en la que ella se veía con un niño en brazos junto a su esposo. Cuando decidimos formar @virgencitaperegrina, acordamos reunirnos los jueves para hacer el Santo Rosario y en una de las primeras reuniones, uno de nuestros amigos invitó a una compañera de trabajo que es muy devota de la Virgen María. Ella, de manera muy humilde, nos guío en el rezo del mismo y al final, a cada uno de nosotros, nos dio una palabra a modo de revelación. A nuestra amiga, la que tuvo la visión en la Basílica, le dijo que estaba embarazada y que si no lo estaba, lo estaría pronto. Yo solo pude ver su cara de sorpresa que entendería luego: ella se había enterado hace muy poco de su embarazo y decidió reservarse la noticia para sorprender a su esposo en su aniversario de bodas. Nadie lo sabía, ¿cómo iba a poder saberlo esta mujer a la que acabábamos de conocer? Yo tampoco lo supe, solo hasta el día del aniversario de ellos, donde se reveló todo el misterio de la noticia y que además, por cuestiones médicas, el tiempo del embarazo se contaba desde el día 8 de diciembre, día de la inmaculada concepción y día de nuestro llamado. ¿Coincidencias? Todo pudiera parecerlo, pero por si las dudas, su hija nació exactamente el mismo día en que nuestra amiga tuvo la visión en la Basílica, justo un año después. Nuestra Señora les regalaba a ellos una preciosa niña y a nosotros una prueba de su poder de intercesión.

En nuestro grupo hay una amiga con un don de servicio muy especial, que motivada en su corazón por llamados de la Virgen María, asiste frecuentemente a ayudar a niños y madres en hospitales públicos de Santo Domingo. Fue ella quien propuso enfocar nuestra labor hacia ese servicio de ayuda social.  Ella misma recibió el llamado de la Virgen para participar de una feria católica, a la cual creíamos no poder asistir (pues no habían cupos) y no solo pudimos ir, sino que obtuvimos muy buenos resultados y gran parte de las ganancias las donamos a una fundación.

Vivimos experiencias muy conmovedoras e impactantes en esa labor de ayuda, y eso, sumado al embarazo de nuestra amiga, nos hizo desistir de los planes de peregrinación para enfocar nuestros esfuerzos a la ayuda social y evangelización. Descartamos por completo la idea de peregrinar y la verdad no nos importó, porque la satisfacción que obteníamos en ayudar y crecer espiritualmente como grupo, era mayor.

Pero la Santísima Virgen, que no se queda atrás en gracias, quiso que hiciéramos el viaje. Sin buscarlo, nos enteramos de un vuelo extremadamente barato para ir a Barcelona, esto se debía a que era el vuelo inaugural del recorrido Punta Cana- Barcelona de la recién creada empresa Level de Iberia (de eso nos enteramos el día del vuelo). Sin tener el dinero completo para el viaje, decidimos comprar los tiquetes, cada uno costaba $99 dólares y estábamos dispuestos a perder ese dinero en caso de que no pudiéramos conseguir los recursos para el resto del viaje, pero la oportunidad no la íbamos a desperdiciar. Nuestros amigos que estaban esperando bebé decidieron no embarcarse en el viaje y nos dieron carta abierta para irnos sin ellos. Aproximadamente un mes después de haber comprado los tiquetes, a cada una de las parejas nos sorprendieron ingresos no esperados en nuestros trabajos. Bonificaciones especiales con las que no contábamos. ¿Qué otra señal habíamos de esperar? Armamos el plan, a modo "mochilero", y nos fuimos de peregrinación.

En todo el viaje vimos la providencia de Dios obrar. Fue un viaje que planeamos lo mejor posible, pero habían cosas que nos eran muy dificiles de coordinar, como por ejemplo, asistir a misa todos los días. Nos hicimos ese propósito, pero era para nosotros un poco difícil saber los horarios de las parroquias cercanas a nuestros recorridos para ajustar nuestra agenda. En oración, lo pusimos en manos de Dios (como todo aquello en lo que no teníamos control), y era increíble como coincidíamos cada día con una misa en alguna parroquia. No importaba el idioma, pero allí estábamos cada día a los pies del Señor recibiendo su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad en ese pequeño pan.

Normalmente en los viajes algo siempre sale mal, un tour perdido, un vuelo retrasado, una maleta extraviada, una enfermedad; pero en este viaje, nada de eso se hizo presente, antes bien, cuando nos perdíamos recorriendo alguna ciudad, el Señor nos sorprendía descubriendo alguna cosa que no estaba en el plan, como la cruz donde se apareció Jesús a Santa Brígida o la Iglesia donde yacían las reliquias de Santo Domingo de Guzmán, el fundador de los Dominicos y quien recibió el Santo Rosario de manos de María. La cereza en el pastel fue haber conocido en persona, cara a cara para poder abrazarle y cruzar algunas palabras con él, al Santo Papa en Roma. Fue una bendición que nosotros mismos no creíamos.

Para cuando regresamos a Santo Domingo, ya iba muy adelantado en la consagración en línea con Lazos de Amor Mariano. Estaba extasiado con la profundidad de cada una de las lecciones y de lo poco que me conocía a mi mismo y al mundo (en términos de pecado). Es una consagración larga, de 33 charlas que se hacen a lo largo de 9 meses. La promesa es que, al igual que un embarazo, tras ese tiempo íbamos a nacer de nuevo para Jesús. Yo fui bastante prematuro, porque a los tres meses ya veía cambios importantes en mi. Esta consagración se basa en el método de un santo hombre: San Luis María Grignion de Monfort y se divide en cuatro partes: conocimiento del mundo, conocimiento de sí mismo, conocimiento de María y conocimiento de Jesucristo. Como lo dije antes, hacer esta consagración me llevó a redescubrir mi fe y fue el punto de quiebre de un antes y un después en mi vida espiritual y personal.

Yo solo traía una preocupación en mente: ¿cómo iba a ser el acto de consagración? pues las lecciones las tomé en línea y la consagración debía hacerse en una celebración especial, para lo que debía contactar a un sacerdote. La verdad no sabía mucho del asunto. Pero hasta eso ya lo tenía resuelto nuestra Señora. Mi etapa final de las lecciones coincidieron con el proceso de consagración de los Heraldos del Evangelio, otro movimiento religioso con una espiritualidad muy mariana y que hacen la misma consagración de Monfort, pero en menos tiempo. Tuve entonces la oportunidad de reforzar mi preparación con los Heraldos y asistir al solemne acto de consagración el día 8 de septiembre de 2016, día que la Iglesia Católica celebra como la natividad de la Santísima Virgen. ¡Qué privilegio!

La consagración a la Virgen tiene varias promesas, pero la más importante, es que nuestra Santísima Madre nos lleva directo a su hijo Jesús. Y recuerden lo que Él dijo: "Nadie va al Padre sino por mí." (Mt 14,6b). Tener un camino directo a Jesús es tener un puente que nos lleva directo al Padre. Sí que lo viví, me enamoré de Jesús, me consagré a su Sagrado Corazón, le visito con frecuencia en el Santísimo y amo con locura la Eucaristía, a la que trato de no faltar ningún día.

Amar a Jesús es también emprender un camino de conocimiento y crecimiento espiritual, en el que tendremos la oportunidad de vivir muchas experiencias, la principal de ellas es sentirle presente y ser conscientes de cómo su mano nos va guiando hacia las cosas que debemos ir aprendiendo o conociendo. Ya no me sorprendo con las supuestas coincidencias. ¡Todo es obra de Él!

Ya dejé de preocuparme por responder si Él existe, ahora lo siento en cada momento de mi vida y el se encarga de recordármelo cada vez que se me olvida. Como aquella vez que en medio de una crisis de fe (noche oscura del camino espiritual) le cuestioné frente al Santísimo el por qué no le sentía más en mi corazón y su respuesta fue un río de lágrimas de profunda emoción al ver la consagración en la misa de aquel día. También me ha regalado el poder descansar en su Espíritu e incluso experiencias no tan agradables, como ver personas poseídas. Pero quizás de las cosas más bellas que he descubierto es saber que, a pesar de haber sido un hijo del mundo y sus pecados, no le pertenecía al mundo, le pertenecía a María, pues con aquella inocente oración que cité al principio estaba consagrándome desde niño a ella: "¡Oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me entrego del todo a Ti..."


No era propiedad del mundo, era propiedad de María, y ella, la más humilde, la llena de gracia, ¡me entregó de vuelta a su hijo Jesucristo!


¡Dios les bendiga!



Reflexión final:

Espero que este testimonio que he contado sirva en alguna medida a cada uno de ustedes. En particular, pienso que hoy la mayoría de los que nos decimos cristianos y no practicamos nuestra fe es por desconocimiento, el cual lleva inevitablemente, a la incredulidad. No se ama lo que no se conoce. Resolver este asunto puede ser tan sencillo como leer el Evangelio o asistir a una catequesis, en todo caso, debe nacer de un acto de voluntad, no de la imposición. Es por ello que los que creemos, estamos llamados a contar esta buena nueva a todas las naciones y decirles: Jesús no es un cuento, es real, dense la oportunidad de conocerle. Cada quien que escuche.


Darse la oportunidad de conocerle puede tardar un día o toda la vida, depende de cada persona. Yo he tenido un proceso que me ha parecido largo, de más de dos años, pues considero que perdí mucho tiempo al insistir en mi incredulidad. Pero la verdad, es que no es en nuestro tiempo, es en el tiempo del Señor en el que se hacen las cosas.


¡Paz y bien!

domingo, 31 de diciembre de 2017

Seguir caminando



Impactado por la experiencia en Costa Rica, con tantas cosas que pensar y sentir, quiso Dios que participara como servidor en un retiro de Emaús. No se puede hablar de lo que allí sucede, pero sí de lo que se siente. Servir es aún mas grande que ser servido; ya lo había dicho Jesús: "No he venido a ser servido, sino a servir..." - (Mt 20,28). Quien sirve con amor, inevitablemente recibe una fuerza sobrenatural que lo lleva a hacer todas sus tareas con dedicación incansable, es la fuerza del Espíritu Santo. Solo la presencia de Dios a través de su Espíritu puede explicar que un retiro de estos salga exitosamente con tantos retos que surgen en este camino de hombres imperfectos.

En este retiro también obtuve una palabra del Señor, la respuesta a una pregunta que venía meditando tanto tiempo: ¿De verdad existes? - Él fue tajante: "Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes, porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas" - (Josué 1,9).

No solo me decía que existía, sino que estaba conmigo y me invitaba a seguirle con valor y firmeza. Doble bofetada para este gallina, que seguía buscando excusas para negar su existencia.

No podía seguir ocultando algo que sentía fuertemente en mi corazón, una inquietud que no me dejaba dormir. Muchas veces, en medio de la madrugada, me despertaba y no podía conciliar de nuevo el sueño. Esto sucedía alrededor de las 3 de la mañana, luego, cuando a través de un hermano de la comunidad conocí la hora de la misericordia, entendí que el Señor me invitaba a orar.

Pero pesó más mi debilidad, no duró mucho el fuego en mi corazón, seguí vagando en el mundo, con mas dudas que certezas. Dudas que trataba de responder leyendo libros y viendo videos en youtube, que inevitablemente me llevaban también a cruzarme con los argumentos de los no creyentes y que sembraban aún más dudas.

Mientras tanto, Dios seguía abonando esa semilla sembrada y no lo hacía en mi razón, sino en mi corazón. En noviembre de 2016, fui invitado por unos hermanos de Emáus para hacer un servicio en la cárcel. Ese servicio parecía un imposible. Consistía en contactar a la familia de un recluso y lograr que fueran a visitarlo. Suena fácil, pero agreguemos que esta persona estaba involucrada en un tremendo crimen (lo sé porque mi curiosidad me obligó a googlearlo), su familia vivía muy lejos de la cárcel y hacía muchos años que no le veían, eran de escasos recursos, temían que un extraño los estuviese contactando tan misteriosamente y que además este extraño (osea yo), también estaba muerto del susto y vacilaba en muchas cosas para poder propiciar con ese encuentro.

La misión se tornó tan difícil que me acordé del único que podía ayudarme: Dios. Le dije: Señor, esta tarea es para tu honor y gloria, así que dame una mano, porque solo no puedo. A partir de allí todo fluyó. El encuentro se pudo dar y el premio fueron los múltiples abrazos, palabras de agradecimiento, lágrimas y muestras de cariño que no solo recibí sino que presencié en cada uno de esos familiares que llevaban tanto sin verse. Allí no importaba el pecado, importaba el pecador, el amor fluía por cada rincón. La misericordia de Dios era palpable en cada esquina de ese recinto dentro de esa fría cárcel.

Hoy sigo participando de retiros en centros penitenciarios y lo seguiré haciendo sin miedo, porque Dios se derrama inmensamente allí, pues donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Jamás he recibido abrazos y sonrisas más sinceras que las de esos reclusos, sólo comparables con las muestras de amor profesadas por un inocente niño.  No exagero, es muy real.

Ya no necesitaba seguir buscando respuestas en libros ni en vídeos sobre la existencia de Dios, Él estaba allí, en cada muestra de su amor y misericordia. Debemos romper nuestros duros corazones y abrirlos al verdadero amor, sólo así entenderemos su existencia.

Parecía que Dios ya había preparado este duro corazón para recibir a su Madre y que fuera ella quien me llevara a Jesucristo.

Todo comenzó un 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Traía la nostalgia de ese día, que se celebra muy especialmente en Colombia y le dije a algunos amigos que nos reuniéramos a encender "velitas", costumbre que no es conocida por estas tierras.

Nos reunimos tres parejas, asistimos primero a la celebración de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, precisamente en la Parroquia que lleva ese mismo nombre en la ciudad de Santo Domingo. La Santa Misa estuvo presidida por el Arzobispo de esta ciudad. Allí comenzó el llamado. Luego fuimos a la casa de una de las parejas, encendimos las velas y en torno a ellas surgió el tema de las indulgencias plenarias del 2017 por el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. No tenía idea de lo que eran indulgencias, pero si me quedó claro que una de las opciones para obtenerlas era peregrinar a algún santuario mariano, especialmente a Fátima.

Unos días después, tras haber indagado bien sobre las indulgencias, encontré por coincidencia una invitación a peregrinar a varios santuarios marianos en Europa y sentí el fuerte impulso de ir. De inmediato, y sin consultarlo, motivado por una fuerza que no me era propia, creé un grupo en whatsapp en el que incluí a mis amigos y con plena certeza les dije: ¡nos vamos de peregrinación!. La respuesta fue de júbilo y aceptación y coincidimos en reunirnos para planear el viaje.

Nos reunimos a finales del mes de diciembre (2016) y acordamos que íbamos a hacer diversas actividades para recaudar fondos para el viaje de peregrinación y nos fijamos como condición que todas estas actividades estuvieran centradas en la evangelización y que parte del dinero recaudado lo íbamos a destinar a ayuda social. Fue así como nació @virgencitaperegrina como grupo de evangelización y @immacolata.rd como marca de nuestros productos. A partir de allí, consagramos sin saberlo nuestro trabajo a nuestra Madre María Santísima y nos ha ido llevando por un camino lleno de maravillosas sorpresas cuyo destino final ha sido su hijo Jesucristo.

De todas estas experiencias, algunas de ellas místicas, hablaré en mi próxima entrada. Por ahora les anticiparé una importante. Cuando definimos el nombre de nuestro grupo y la marca, surgió entonces la inquietud sobre un logo o imagen a usar. Con total convencimiento les dije a mis amigos que no se preocuparan de ello, que la Virgen lo iba a resolver (ninguno de nosotros es diseñador gráfico o dibujante). Esa misma noche, en medio de un sueño, la virgen se me revelaba de pie sobre el globo terráqueo, con sus pies sobre la isla La Española. Entre sus manos, que estaban en señal de oración, tenía el Santo Rosario y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. También se me reveló una imagen en la que la circunferencia de nuestro planeta eran las cuentas del Santo Rosario.

Esa misma mañana, como pude, hice un bosquejo de lo que había soñado y a partir de allí surgieron los dos logos que usamos en nuestras páginas.








¡Dios les bendiga!

domingo, 24 de diciembre de 2017

Preparando el camino.



Había prometido hablar de mi encuentro con María, pero recapitulando, he pensado que es importante ahondar en varias cosas que pasaron antes de ello.

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A veces siento que Dios tiene un plan especial conmigo, pues no creo que sea coincidencia todo lo que ha pasado por mi vida a lo largo de estos últimos cinco años. El evento más importante, quizás, sea el hecho de haber emigrado, pues fue algo que yo nunca consideré seriamente y terminó sucediendo de la manera menos imaginada. Dios me sacó de mi "zona de confort" y me trajo a una isla donde solo tenía a mi esposa, a su familia y algunos amigos.

Este "aislamiento" permitió hacer un alto en esa carrera acelerada que llevaba en mi vida y me permitió el reencuentro con Dios que ya narré en la entrada anterior. Pero no solo fue el reencuentro, fue también la oportunidad de tener más tiempo para indagar y conocerlo mejor.

Después de ese retiro en mayo de 2015, no hubo un cambio trascendental en mi espiritualidad, pero si quedó una semilla plantada que se fue abonando con una serie de sucesos que ocurrieron, muy especialmente, en el año 2016. Recuerdo particularmente cómo tuve que viajar inesperadamente a San José de Costa Rica (en febrero de ese año) para asistir en sus últimas horas de vida a un tío que moría solitario en la sala de un hospital público. Mi tío había decidido (hace muchos años) emigrar de Colombia, en parte, huyendo a una vida de insatisfacciones. Pero no se puede huir de uno mismo, y las insatisfacciones las siguió encontrando allí. Vivió, pienso yo, de cara opuesta al Señor, peleado con Él. Pero Dios, que es misericordioso, le dio una tremenda oportunidad de enderezar el camino; y de paso, me enseñó a mi el valor de vivir en su amor.

Paradójicamente, mi tío trabajaba como conductor en una comunidad religiosa a la cual había sido recomendado por su hermana monja (mi tía). Y pese a que estuvo muy ligado a las "monjitas" por más de 16 años, se mantuvo bastante escéptico a la religión.

Los últimos años de su vida estuvo luchando contra un tremendo cáncer, al que él había creído vencer, pero que en enero de 2016 reapareció, llevándolo rápidamente a la muerte. En su lecho de agonía pedía afanosamente poder ver a algún miembro de su familia, pues ninguno vivía en Costa Rica. Debido a que se nos exige visa a los colombianos para entrar a ese país y ninguno en la familia la tenía (y no había oportunidad de sacarla rápidamente) se me pidió a mí que fuera, pues era el único que tenía visa americana y con ella me permitirían entrar.

El mensaje que nos enviaban las hermanas desde Costa Rica era contundente: el ya está agonizando, que viaje alguien urgente a ver si lo alcanzan a acompañar. Era una manera "diplomática" de decir: ya no hay tiempo. Providencialmente encontré unos tiquetes baratos y viaje de un día a otro con la más mínima esperanza de encontrarlo vivo. Solo le pedía a Dios que al menos me permitiera llegar y decirle: acá está tu familia acompañándote.

Llegué a Costa Rica un sábado en la mañana y las hermanas, muy amablemente, me hospedaron en su convento. Quise ir inmediatamente al hospital, pero ellas insistieron en que fuera después de almorzar. Me habían dicho que el viernes había estado muy mal y se temía por su muerte, pero que luego se estabilizó. Almorcé y emprendí el camino al hospital con una angustia tremenda, sólo le pedía a Dios que me diera la oportunidad de verle vivo.

El estaba en una sala de cuidados paliativos, cuando entré no pude evitar llorar. De aquel hombre robusto, alto y fuerte, quedaba un pobre hombre delgado y de un color amarillo mostaza que reflejaban su pésimo estado. Me dijo la enfermera que estaba sedado, y que no se había despertado. Que no me iba a responder.

Yo me aproximé a el, lo mas cerca a su cama, y le dije al oído: tío, aquí estoy en representación de tu familia, la que tanto te ama y te acompaña. Repentinamente abrió los ojos, me miraron con una expresión que jamás podré olvidar, mezcla de grata sorpresa y alegría profunda y gritó mi nombre. También levantó como pudo su torso y nos fundimos en un abrazo profundo que hizo olvidar por un momento las dolencias físicas y tristezas.

Aquel hombre fue un tío muy cercano, a quien todos queríamos mucho, por eso me dolía tanto verle así. De aquel hombre que supuestamente agonizaba el día anterior, Dios quiso regalarle un aliento más de vida y pudimos hablar ese sábado y hasta reírnos. El se sintió aliviado de que alguien de la familia pudiera viajar y le conté que ya mi madre había pedido la visa y que venía en camino (no alcanzó a llegar).

Abandoné la sala del hospital en la noche, cansado y con el corazón y alma arrugados. Un amigo de él se ofreció a cuidarlo en la noche y yo regresé al convento a intentar descansar. Su vida, hasta antes del cáncer, era una copia de la mía. Un tipo que decidió emigrar huyendo a las insatisfacciones y que se pasó la vida jugando a sus placeres sin fijarse un compromiso serio.¿Cuál iba a ser mi siguiente paso? quizás terminar solo, enfermo e infeliz en mi lecho de muerte.

No tendría por qué ser tan trágico, pero era mi realidad: no estaba siendo completamente feliz. Estaba harto de tantas cosas y quería tirarlo todo por la borda. Pensaba en el camino fácil que tanto había elegido mi tío: botar todo e iniciar de nuevo. En una sociedad que nos enseña que lo que se daña se bota y no se repara, aprendemos también que nada será suficiente para hacernos felices.

Este viaje a Costa Rica estuvo marcado por el amor y providencia de Dios, era innegable su ayuda. Desde las palabras de aliento de personas desconocidas que me encontraba en todos lados, hasta la facilidad para conseguir cualquier cosa material que iba siendo requerida en el camino.

Esta historia daría para escribir muchísimas líneas, pero quiero resumirla a un momento. El lunes 29 de febrero, luego de haber hecho algunos trámites, llegué al hospital después de medio día. Al llegar a la recepción, me encontré con que no me dejaban ingresar porque ya había alguien allí (no permitían dos visitantes al mismo tiempo). Tomé mi teléfono y angustiosamente trataba de indagar quien estaba allí, pues se suponía que solo iba a estar yo. Logré saber que era una de las monjitas que con tanto cariño se habían hecho cargo de el, pero que ella no había ido de visita, estaba allí porque debía llevar unos papeles al hospital. Cuando la llamé me dijo angustiada: tu tío está agonizando, sube rápido. Pero la seguridad no me dejaba entrar, pues era estricto el protocolo. En medio de mi caos mental noto que tenía en mi mano izquierda una tarjetica con un mensaje (no sé cómo llegó a mi mano) que decía:

"Señor Jesús, dame tu eterna paz, dame el don para esperar y ayúdame a confiar en ti, porque en mis fuerzas no puedo más. Tu eres mi sustento, tú mi creador y la última palabra la tienes Tú."

 Leer esto me llenó de confianza e insistí en que me dejaran entrar, ellos accedieron y efectivamente encontré a la monjita orando a su lado, acompañándolo en la agonía. Ella me dijo: llegas a tiempo, aún no quiere irse, dile que estás aquí y que ya se puede ir. El oído es lo último que pierden, háblale con confianza.

Tomé su mano y comencé a orar, a decirle que se fuera tranquilo, que no se atara a nada más y poco a poco, su respiración agitada, se fue calmando hasta un último aliento. La hermana, que había asistido a cientos de muertes en hospitales de la guerra civil en África, me confirmó su muerte. Luego llegaron los médicos y lo ratificaron.

En una conversación posterior, la monjita me dijo que el Señor le había dicho que ella iba a asistir la muerte de mi tío y que ella lo había estado evitando. Pero quiso Dios que estuviese ese día y esa hora, sin proponerselo, no solo para asistir a mi tío, sino a mí, que en otro caso me hubiese tocado afrontar ese momento solo. Fue una gran bendición, también supe por ella que mi tío había hecho una muy buena confesión y recibió los santos oleos. ¡Dios y su misericordia!

Dios me mostró, a través de esta experiencia, lo frágiles que somos. Pero también me mostró su poder e inmensa misericordia. A raíz de la muerte de mi tío, tuve que encargarme de su funeral y por  tanto, tuve que cancelar el vuelo de regreso que tenía programado, también quiso Dios que pudiera conseguir un retorno cómodo y muy barato en otra aerolínea. Él nunca me abandonó, siempre lo sentí a mi lado.

¡Dios les bendiga!


























jueves, 14 de diciembre de 2017

El encuentro con Jesús

"Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron..." - (Lc 24,31)



Inicialmente había pensado llamar a esta entrada como el "Llamado", pero siendo coherente con mi entrada anterior, el llamado lo había recibido muchas veces y me había hecho el loco. Decidí entonces que lo más apropiado era llamarlo un encuentro, que siendo críticos, realmente es un descubrir o un reconocimiento, pues Dios siempre ha estado ahí para nosotros, solo que no le hemos querido ver.

Debo comenzar por decir que no me he hecho santo aún (y digo aún, porque ese debe ser el objetivo) y trato de desligarme de cualquier fanatismo. Mi formación como ingeniero me ha ayudado a tratar de reconocer este camino espiritual desde la razón, iluminada por la fe. En principio no fue así, pesaba más la razón, y me embarqué a devorar libros y contenidos sobre las pruebas de la existencia de Dios. Muy divertido al principio, pero luego se hizo tedioso, porque faltaba algo fundamental: la fe.

Es que leer pruebas de Dios desde una perspectiva netamente racional y materialista no lleva a mucho, porque Dios no está solo en ese campo, es más que eso: es amor, es espíritu, es eternidad, ES TODO. Y nunca lo poco (nosotros), podrá comprender EL TODO. Es como tratar de explicarle física cuántica a una cucaracha. Es un ejemplo muy imperfecto, pues Dios nos dotó de dones muy superiores que nos permiten comprender muchas cosas, aún desde nuestra pequeñez.

Me he adelantado un poco al tema de esta entrada, pues esto que les cuento sucedió después del encuentro con Jesús, antes era un "cristiano" más; bastante pecador e imperfecto, y hoy lo sigo siendo, pero con una diferencia tremenda: lo reconozco e intento corregirme.

En el año 2012, dirigía una compañía de tecnología que ayudé a construir. Era el gerente y estaba en cabeza de muchos proyectos, me sentía cómodo en mi posición. No era particularmente el jefe más jovial, tampoco era una mala persona, simplemente estaba absorto en un mundo de estrés, presión, compromisos económicos y demás. Mi vida no estaba plena, lo tenía todo pero no tenía nada. Ese vacío tiene un nombre que solo hoy puedo definir: ausencia de Dios.

Esa ausencia se traduce en tristezas, ansiedades, inseguridades, fracasos amorosos y un cúmulo de insatisfacciones. Pero Dios tenía un plan conmigo, un plan perfecto, que ha ido ejecutando de la mano de mi Madre la Virgen María.

A finales de ese año conocí de forma providencial a quien hoy es mi esposa, ella, dominicana, fue a Medellín de vacaciones y por un montón de "coincidencias" nos conocimos y nos enamoramos.

Un año después, me radiqué en Santo Domingo para acercarme más a ella y así poder conocerla mejor.  Posteriormente, en noviembre de 2014, nos casamos.

Para ser honestos, no fue fácil dejar mi país, mi puesto cómodo, mi "mundo" en Medellín. Tenía a mi lado una maravillosa mujer, pero seguía sintiendo un vacío tremendo en mi vida.

En abril de 2015 contratamos a un arquitecto para que nos hiciera algunos trabajos en nuestro apartamento. Ese arquitecto, a quien no conocía de primera mano, me abordó al final de la tarde del jueves 30 de abril para indicarme que no podría culminar sus trabajos sino hasta el siguiente lunes. Ya que ese próximo viernes, iba a participar como servidor en un retiro. Allí se inició una conversación que me marcaría estos años:

- Yo: ¿Qué clase de retiro?
- Arquitecto: Un retiro de Emaús, ¿Lo has escuchado?

- Yo: No, nunca he ido a un retiro, pero me llama la atención. Siempre he querido saber de qué se trata. (En ese momento pensaba que se trataba de un retiro de parejas, y pues uno recién casado, siempre un retiro de este tipo cae bien).

Arquitecto: ¿Quiere ir?
Yo: No, muchas gracias, ya habrá tiempo. (Era muy apresurado armar plan de retiro de un día para otro).

Arquitecto: Pero ve, no pierdes nada.
Yo: Lo pensaré.

La cosa se quedó ahí para mí, pero no para el arquitecto, que puso en marcha el plan "retiro". Contactó a mi esposa y entre ellos dos orquestaron mi ida.

El viernes en la mañana me llamó el Arquitecto y me dijo: ya tengo tu ficha (formulario de registro), te esperamos a las 5 p.m. en tal sitio. Yo le dije: - ¿pero cómo? Yo te dije que no iba a ir - Pero él insistió en que fuera y que ya no podía echarme atrás. Mi esposa estuvo de acuerdo y tomé la decisión de ir. Luego me enteré que el retiro era solo de hombres y la desidia se apoderó de mí. Pero por honor a mi palabra, asistí.

Ese mismo día, viernes 1 de mayo, recibí un mensaje de mi papá por facebook. Esto no era nada normal. Mi papá no sabe ni encender un computador y si tiene cuenta en facebook, es porque mi mamá se la creó para tener un usuario extra para jugar "farmville", donde los amigos son claves para prosperar en el juego (perdón mamá por revelar esta intimidad).

Mi papá me escribió (y me ha escrito hasta la fecha) un único mensaje que aún conservo. Aquí debo aclarar que la relación con mi papá no es la más fluida en términos de comunicación, por eso se me hizo tan extraño. Ahora bien, no recuerdo el contexto por el cual él me escribió, lo importante es lo que vino después.


Mi papá, aunque creyente, no es particularmente el más practicante. Me extrañó el hecho mismo de recibir el mensaje y más aún su contenido. Sin embargo, ese día, no le presté mayor atención.

Ya en el retiro, todo me hablaba de buscar a Dios, pero no hice mucho caso; hasta que durante una actividad, de la que no puedo dar mucho detalle (perdón Emaús, pero es necesario contar algo para que mi historia tenga sentido) uno recibe un mensaje sacado de la biblia. El mío venía acompañado con la cruz de cristo y el mensaje: "Recurran al Señor, y a su poder; recurran al Señor en todo tiempo." - Sal 105,4. Esto, a cualquier persona, puede que no le diga nada, pero a mí, en ese momento, me dijo mucho. Recordé lo que me escribió mi papá, de que un hombre sin fe no vale nada, de que hay que buscar lo milagroso, es decir: Recurrir al Señor.

El Señor me confirmaba un mensaje, me lo había dado tantas veces en la vida y tantas veces en ese mismo retiro, y sin embargo, seguía sin convencerme del todo. Era inevitable pensar que eran simples coincidencias.

Cuando tomé la decisión de escribir estas entradas fue porque me topé con mi versión del año 2009 descrito en las líneas de un intento fallido de convertirme en bloguero. Pueden leer las historias (dejaré los enlaces al final) para que comprendan mi posición frente a la religión en dos momentos muy diferentes de mi vida. Si no quieren leer se los resumo: en el 2009 era escéptico frente a la religión pero andaba buscando llenar un vacío espiritual, en el 2017 hay una persona creyente, buscando más respuestas.

Venía de un largo escepticismo en mi vida, y no iba a cambiar mi forma de ver la religión de la noche a la mañana. Sin embargo, sí me interesé por indagar un poco más y fue allí cuando empecé decididamente a leer a diversos autores católicos y cristianos, además de muchas páginas en Internet.
Traté de seguir congregándome con el grupo Emaús y de asistir a la misa cada domingo, pero la verdad es que seguí siendo bastante tibio: sentía que Dios era real, pero no me terminaba de convencer.

Esta entrada la inicié con un versículo del Evangelio de San Lucas llamado el camino de Emaús, y no lo elegí solamente por el retiro que hice, sino porque describe perfectamente mi encuentro con Jesús.

Dos discípulos de Jesús caminaban hacia una aldea llamada Emaús e iban hablando de lo que había sucedido con el Mesías. Jesús mismo se les apareció y les acompañó durante el trayecto, pero no le reconocieron. Vio Jesús que no se creían lo de la resurrección y los increpó de buena manera y se puso a explicarles las escrituras. Al final, ellos invitan a Jesús a cenar con ellos y lo reconocen cuando Él bendice el pan, lo parte y se los da (la eucaristía), en ese momento Jesús desaparece (Ver Lc 24, 13-35).

Jesús ha estado todo el tiempo acompañando mi camino, pero he tenido todos mis sentidos cerrados y no le he reconocido. A pesar de todas las evidencias que hay de su existencia, a pesar de todas las manifestaciones, seguía sin reconocerle.

Faltaron muchas experiencias, muchos libros, muchas misas, muchos retiros, muchas oraciones, la lectura del evangelio y sobre todo; la mano de la Virgen María, para lograr que por fin, le reconociera. Fue la Virgen María quien me llevó a Jesús, y eso se los contaré en la próxima entrada a la que llamaré: El encuentro con María.

¡Dios les bendiga!


Estas son las entradas que mencionaba. Ver primero Jesús del futuro, escrito en el año 2009:
1. Jesús del futuro
2. Welcome back!
















jueves, 7 de diciembre de 2017

Conocer a Dios

"Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envía no lo atrae; y yo le resucitaré el último día" (Jn 6,44)

"Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí." (Jn 6,45)

Cuando uno está alejado de Dios (sea por escepticismo, ateísmo, agnosticismo o lo que sea), cada que ves o escuchas una cita bíblica o frases como: - "Tienes que tener un encuentro personal con Jesús" - "Sólo si tienes fe te salvarás" o "conviértete y cree en el Evangelio" -, una especie de escozor se activa en uno (muchas veces acompañado de burla). A mí me pasaba, muy a pesar de que crecí en un hogar católico. El tema religioso me irritaba tanto, que trataba despectivamente de rezandera a mi hermana y a mi mamá la volvía loca cada vez que la veía escuchando por enésima vez la misa en radio o en televisión. Mamá, hermana: perdón.*

Me voy a poner cursi a partir de ahora, y si eres como solía ser yo, una especie de escozor y burla se activarán en ti, pero sabes que: no me importa. Al menos puedes abandonar este blog a partir de ahora.

Primera frase cursi: "Uno no puede amar lo que no conoce".

Todos los que rehuyen del tema "Dios" tienen algún tipo de argumento que justifica su incredulidad. El mío era: "Dios es un invento del hombre para dar respuesta a lo que no logra comprender". Creo que no rayé en el Ateísmo, pero si me dejé influenciar por los movimientos de la nueva era que te venden un dios equivalente a energía en movimiento, un dios hecho a la medida de lo que queremos creer.

Fue una posición injusta, porque no me había dado a la tarea de conocer al verdadero Dios, ese del que tanto hablan las abuelas, mamás y hermanas rezanderas. Para ser honestos, la misa obligada los domingos era eso, obligada; las clases de religión: la materia de relleno para conversar con los amigos en clase; y las clases de catecismo: si gracias, no me acuerdo de nada. Ahhhhh, y ¿la biblia? - ¡Un libro aburridísimo!

¿Cómo carajos iba a hacerme una idea verdadera de Dios si siempre le huí? Hasta que un día ese man me dijo: "Parcero, usted es de los míos", venga pa' acá (sí, me habló en paisa-dominicano).

Inicié citando dos versículos del Evangelio de San Juan, porque a mi entender, describen una muy buena razón por la que muchos son los llamados y pocos los escogidos (Mt 22,14). Dios se manifiesta de muchas maneras y nos invita a conocerle, (y aquí viene otra cursilería que le duele mucho a los ateos), pero Dios es un caballero, nos dio libre elección para seguirle y amarle. Cuando inicias un camino de conversión y miras hacia atrás en tu vida, te das cuenta de la infinidad de llamados que Dios te hizo y no escuchaste. Y no hablo de que Él se va a aparecer en una nube y te hablará con voz ronca y autoritaria (aunque puede suceder), sino de todos esos amigos, familiares, memes católicos, eventos, coincidencias, reuniones y demás cosas que te invitan a seguirle.

Pero adivina qué: estás tan entretenido con el ipad, la novia, el trabajo, el equipo de fútbol o lo que sea y no le prestas atención.

Si quieres saber de Dios, conoce de Dios. No te limites a seguir las conclusiones que da la razón y el extendido planteamiento cientificista que nos embuten los medios. Si solo lees los argumentos de los ateos, pues tendrás una posición atea. Lee ambos bandos (ateos y creyentes) y sobre todo, si quieres darle una oportunidad de convencerte por ti mismo, lee los Evangelios, tratando de ser lo más neutral posible en el sentido de no anteponer tu incredulidad a la posibilidad de evaluar otro punto de vista. Analiza la figura de Jesús desde su enseñanza ética y moral y la sabiduría con la que enfrentaba cada situación. Si quieres no te fijes en los milagros: ni siquiera los que los presenciaron le creyeron, fíjate en el tipo de persona que era (es) Jesús. Yo me sorprendí y me enamoré de Él.

"Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí." - Quisiera que todos se pudieran convencer de lo real y vivo que es Jesús, pero lo cierto es que este es un llamado personal. Yo lo tuve en un retiro espiritual, al que "me llevaron" medio engañado. Pero esa solo fue la semilla, los frutos vinieron de la mano de la oración de mi esposa y familiares, y la inquietud sembrada que me llevó a escudriñar en las escrituras y libros católicos y cristianos.

Hoy te puedo decir, así te de escozor y náuseas: "Jesús está vivo, vive en tí, vive en mí y espera tener un encuentro personal contigo".

¡Dios les bendiga!


*El perdón debe ser personal: a mi madre y mi hermana les pedí perdón y me han perdonado. Ese será un tema que pronto tocaré.













miércoles, 10 de mayo de 2017

Welcome back!

Parece que el estrés y el mundo vencieron mi repentina intención de ingresar a la "moda bloguera" y solo escribí una entrada hasta el día de hoy, ocho años y 52 días después.

Ni siquiera recordaba que tenía un blog. Hoy recordé que en alguna época de mi vida había escrito una historia bastante rara sobre Jesús y lo había hecho en algún blog, decidí googlear sin esperanzas e introduje: hefabos + blogspot.

Acá estoy, el blog existe y ni siquiera tuve que logearme (cosas de google) para escribir una nueva entrada.

Es muy conocida una frase que circula por la Internet que dice algo así: "Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante. Permítame presentarme nuevamente." Releyendo esta entrada del 2009 si que puedo dar testimonio de ello, que diferente soy de ese personaje pasado.

Me admiré de lo que escribí, no por el contenido bastante peculiar, sino porque descubrí mis pensamientos de aquella época, mi estado emocional y mi necesidad de encontrar una espiritualidad que se me hacía bastante extraña.

Hoy tengo el llamado (con firme intención de cumplir) de activar este blog y contar mi experiencia de vida en estos tantos años que me llevaron de un total desconocimiento del misterio religioso a llorar de emoción al ver partir el pan en medio de la Eucaristía.

Pediré a Dios que me de la fortaleza que me faltó en el pasado para poder escribir con frecuencia y dar a conocer mi testimonio de verdadero amor.

Nos vemos pronto!

Contracorriente

     Cuando era niño sentía que tenía el don “contracorriente”, puesto que parecía que yo era un bicho raro que no hacía ni tenía lo que mis...